Archivo documental digitalizado del activismo lésbico, conformado por producciones gráficas y teóricas, registros fotográficos y sonoros, encuentros reflexivos y acciones callejeras de grupos y activistas lesbianas de diferentes momentos históricos, múltiples posiciones políticas, y diversas geografías
de Argentina. Está en permanente construcción, recibiendo nuevos aportes y colaboraciones.

domingo, 18 de noviembre de 2012

3a Marcha del Orgullo LBGTIQ - Neuquén


fotos: Diversidad de Río Negro y Neuquén




Los custodios de la respetabilidad lgtttb: “ni permiso ni perdón, deseos en rebelión”


La Mesa Nacional por la Igualdad Neuquén publicó un comunicado posterior a la 3ª Marcha del Orgullo LGBT  realizada el domingo 18 de noviembre en la ciudad de Neuquén, expresando su opinión y desagrado ante los “hechos sucedidos” durante la misma. Designar con ese término parte de lo acontecido durante la marcha, resulta significativamente llamativo, ya que es una expresión que suele emplearse en medios periodísticos para destacar hechos de violencia. Digamos que siempre suceden hechos en acontecimientos sociales, pero enunciados de ese modo, bajo una pretendida neutralidad y sin adjetivación alguna, los coloca bajo una lente que los descifra políticamente como algo dañino o perjudicial. Esos “hechos sucedidos” que a lo largo del texto alcanzan actos muy diferentes, como cuestiones internas de la comisión organizadora hasta el “showcito” de la intervención estético-política llevada adelante por lxs compañerxs de Diversidad y otrxs activistas -entre lxs que me encuentro-, lo único que hacen es atestiguar que la representatividad política es un asunto conflictivo de narrativas en disputa, que las identidades sexuales no son esencias sino posiciones políticas -por lo cual identificarse como torta, marica, travesti, trans o bi no genera “naturalmente” ninguna unidad- y que la marcha del orgullo tiene múltiples y disímiles significados políticos para quienes nos la apropiamos y participamos en ella, más de allá de los intentos de establecer títulos de propiedad.

En un contexto donde el debate sobre las políticas lgtttbi es exiguo y menguado de miradas críticas sobre la institucionalización del movimiento y sus retóricas liberales que promueven la diversidad, el respeto, la tolerancia, la integración, todos términos que no hacen más que desactivar la conflictividad que supone toda identidad así como dejar incuestionado un estado del mundo que sigue persiguiendo, hostigando, discriminando y asesinando a lesbianas, gays, travestis, trans, transexuales, bisexuales, intersex, y otras identidades no normativas, un estado que se llama capitalista racista heteropatriarcal, me interesa resaltar dos asuntos gravitantes para el movimiento lgtttb local que se pusieron de manifiesto durante la marcha y a partir del comunicado de la Mesa.

Por un lado, los modos de hacer política bajo parámetros liberales, que legitiman ciertas voces, cuerpos, modos de expresión y acciones políticas, ligadas a la institucionalidad y la respetabilidad. Cuando la Mesa hace alusión al “showcito” de besarse frente a la catedral entre más de 2 personas, lo que atenta contra la convivencia “en paz y respeto entre todxs”, da cuenta de su posición política que privilegia las lógicas del consenso y de la moral, que terminan anulando toda política de la diferencia. Arrogarse la prerrogativa de prescribir cómo se debe marchar, qué decir y qué mostrar, son mecanismos de disciplinamiento que terminan protegiendo el orden establecido de los cuerpos, y en este caso, lo que se custodia es la representación política lgtttb. En este sentido, la intervención estético-política que tanto molestó a la Mesa, consistía en un cordón de torsos desnudos con una frase pintada a lo largo de todas las espaldas, “rebeldía sexual sin auspicio oficial, aborto legal!!!”, portando sobre el pecho y tetas de cada cuerpo diferentes inscripciones sexo-políticas que disputan los sentidos heteronormativos que definen cómo deben vivirse los cuerpos, deseos y placeres (“si nos organizamos cogemos todxs”; “puta y ruda”; “¿sobre qué cuerpos se construye tu normalidad?”; “la violencia es el género”; “lengua a la tortillera, dulce y carroñera”; entre otras). La misma contó con el apoyo –tácito y explícito- de otrxs compañerxs y colectivos que no sólo compartían –en todo o en parte- el modo de poner el cuerpo en la escena pública, sino también el sentido de la consigna empuñada, ante una marcha que fue declarada de interés legislativo por el estado neuquino. ¿Desde cuándo le entregamos nuestro orgullo al Estado? El mismo Estado que lleva adelante políticas de vaciamiento de programas sociales, desfinanciamiento educativo y precarización de la salud pública, criminalizando la protesta social, incumpliendo las legislaciones vigentes que garantizan los derechos del pueblo mapuche y siendo displicente con la contaminación de las petroleras, entre otros asuntos. A su vez, la Mesa expresa que “la marcha hubiera sido un fracaso por falta de música y luces”, como si la misma fuera una réplica de un boliche a cielo abierto. La marcha es una celebración y una fiesta, porque la lucha política no es incompatible con la manifestación del placer, pero no puede obviarse que el espacio que ocupa el discurso político en ese espacio por parte de las organizaciones es ínfimo. Mucho hemos luchado por tener voz propia, para que dejen de hablar por nosotrxs, cada colectivo con su modalidad, cada identidad con sus singularidades y diferencias, para que se terminen pasteurizando las memorias y pugnas políticas en una homogeneidad discursiva que sólo interpreta a un sector del movimiento lgtttbiq.

Por otro lado, se revelaron otros modos de poner el cuerpo en la lucha política  que pusieron en  cuestión las normas sexuales que regulan el uso del espacio público. La intervención de Diversidad y otrxs activistas fue “estética- política” porque altera el orden de las sensibilidades, de aquello que se percibe autorizado a ver, decir y mostrar, trastocando los criterios de obscenidad que regulan el uso heteronormativo del espacio público. Estos criterios que establecen,  por ejemplo, que los domingos son un día para la familia –hetero-, que la presencia de niñxs implica cercenar toda demostración erótico-afectiva, que las mujeres y lesbianas no exhibamos nuestras tetas al aire con autonomía, que hay que besarse sólo entre dos personas, fueron interpelados, problematizando la norma heterosexual, monogámica y reproductiva al visibilizar otros placeres, otras corporalidades, otros deseos. Algunos tenemos tanto deseo de coger (con 2, 3 o 5) como de hacer activismo, y eso es tan político como querer que estemos todos ordenaditos para la marcha. La besada es un acto político histórico del movimiento lgtttbiq, que rompe con la  corrección política  y la moralidad que impone  (“sé lo que quieras, pero en tu casa”; “hacé lo que quieras, pero en privado”). ¿Qué moral se sostiene cuando se establece que en mi  boca sólo puedo albergar una - y sólo una-  lengua? ¿Cuál sería el problema de promocionar las orgías ante tanta promoción institucional por parte del aparato jurídico, médico, educativo, mediático, del sexo matrimonial y monogámico?

Nuestro cuerpo es un territorio político donde tienen lugar las batallas más álgidas y silenciosas sobre las libertades y las sujeciones a los órdenes normativos. Ese día de la marcha lo que sucedió es que la Mesa tembló, y eso asusta porque resulta amenazante para la concentración del poder. “Ni permiso ni perdón, deseos en rebelión” decía la consigna para el día del orgullo en el 2008, pre-matrimonio igualitario, en esta misma ciudad, porque la disidencia no busca la conformidad ni la autorización, sino que es el ejercicio constante de resistirse a ser gobernadoxs de ese modo, el arte de la inservidumbre voluntaria.



valeria flores
1 de diciembre del 2012.-

No hay comentarios: