Archivo documental digitalizado del activismo lésbico, conformado por producciones gráficas y teóricas, registros fotográficos y sonoros, encuentros reflexivos y acciones callejeras de grupos y activistas lesbianas de diferentes momentos históricos, múltiples posiciones políticas, y diversas geografías
de Argentina. Está en permanente construcción, recibiendo nuevos aportes y colaboraciones.

viernes, 8 de noviembre de 2013

María Luisa Peralta

A 10 años de la primera contramarcha en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires


Este año se cumplen diez años de la primera contramarcha del orgullo que organizamos desde un sector del movimiento glttb. Algunxs, frente a toda crítica, cierran simplemente diciendo “andá y hacé tu marcha” o “vení a la comisión organizadora y proponelo”. Son respuestas que no reconocen que la marcha, cualquier marcha, no es propiedad de unxs en particular sino de todxs lxs que efectivamente marchan. En esas disputas no está en juego un simple cartelito ni se pueden dirimir con respuestas del estilo “soy el dueño de la pelota”. Porque lo que está en cuestión es la representatividad de colectivos grandes, difusos y heterogéneos, donde hay cosas en común entre quienes los integran pero también enormes diferencias. Las diferencias están y para mí ese es uno de los grandes logros que hemos tenido en estas décadas, poder darnos el lujo de expresar las diferencias, no tener que pretender una identidad gltb monolítica porque estábamos en el fondo de un pozo como hasta los noventa. La política de la identidad ya no es la política que hacemos, supimos ganarnos eso, ganarnos el derecho a ser diferentes, pero a ser diferentes entre nosotrxs mismxs. Nadie tiene derecho a expulsar a otrxs de la marcha, la marcha es de todxs, con los conflictos, las diferencias, y las disputas incluidas en lo que es una marcha que, sin embargo, sigue siendo convocante básicamente desde la identidad. Ahí mismo está la contradicción intrínseca y hay que saber leerla y no ponerse nerviosxs añorando un Arcadia de “unidad” y paz bucólica sin conflictos, sin descrepancias, sin críticas. Arcadia no existe.
La contramarcha del 2003 no fue un capricho ni un dislate de ultras. Quienes la armamos éramos parte de un sector del movimiento gltb muy involucrado en los procesos que eclosionaron el 19 y 20 de diciembre de 2001. Éramos parte de la efervescencia de los movimientos piqueteros, las asambleas barriales, las agrupaciones estudiantiles, las nuevas publicaciones militantes, Indymedia que era la referencia para saber qué pasaba, el sindicalismo combativo, una multitud de grupos feministas jóvenes, ATTAC, la Autoconvocatoria No al ALCA, el movimiento campesino, los partidos de la izquierda, las organizaciones políticas anarquistas, la masividad adquirida en esos años por los Encuentros Nacionales de Mujeres, las movilizaciones contra la guerra imperialista. Después de la contamarcha en Buenos Aires, hubo otras en otros países de la región, las más notables las de Chile y Perú y las marchas lésbicas de Brasil. Se movilizaban ahí los sectores del movimiento gltb de esos países que estaban en el mismo espectro político que nosotrxs. Éramos parte de esos procesos que no ocurrían sólo acá sino también en otros países de América Latina y confluían en el Foro Social Mundial.
Nosotrxs éramos, y todavía somos muchxs de esxs aunque no marchemos organizadxs, profundamente anticapitalistas, profundamente convencidxs de que otro mundo es posible. Y necesario. Nosotrxs no nos conformábamos ni nos conformamos con reformas, con inclusión en una sociedad de clases y patriarcal. Nosotrxs queríamos y queremos derribar al patriarcado y al capitalismo, al mismo tiempo, porque uno no caerá sin el otro.
No teníamos por qué irnos a otro lado a marchar, porque esa marcha, esa plaza, esas calles, son tan nuestras como de cualquiera.
Los procesos al interior del movimiento gltb no son ingenuos, hay alianzas con distintos sectores políticos, con distintos partidos, intereses personales, disputas por subsidios, desde hace unos años disputas por agarrar un puesto en el Estado. Las consignas, las presencias sobre los escenarios, el lugar donde se monta el escenario, quién va primero y quién después durante el recorrido, la gráfica, etc. todo está atravesado por la complejidad de esos procesos. No digo con esto que toda la gente de la comisión organizadora me parezca una mierda, ni que todas las consginas me parezcan una mierda (de hecho, sé positivamente que la consigna por la legalización del aborto es muy resistida por mucha gente gltb que se presenta como despolitizada y valoro el gesto político de la comisión organizadora de mantenerla). Ni mucho menos digo que la marcha me parezca una mierda ni que fulano o mengana no tienen que estar en la marcha. Digo que no hay que ser ingenuxs ni tener la deshonestidad intelectual de pasar por buenitxs sin intereses de ningún tipo. Todo el mundo los tiene.
¿Voy a marchar? Por supuesto, siempre marcho, todos los años, pase lo que pase, a pesar del clima, las situaciones personales, y las diferencias políticas. Porque reivindico la marcha como un espacio que desborda a cualquiera de nosotrxs que pretenda que le es exclusiva, porque pasan cosas en esa marcha que son muy poderosas, porque me sigo emocionando. Porque mucha de mi historia está ahí. Porque mucha gente que quiero está ahí. Porque mucha gente que no quiero pero con la que hemos enfrentado coyunturas opresivas está ahí. Porque mucha gente que hace una política detestable está ahí y no pienso, como no piensan muchxs que tienen la misma incomodidad, abandonar un espacio que es de todx gltb que quiera ir y dejárselo a estos personajes.
Marcho porque tengo un hijo y cuando él pregunta por su historia, su historia es esto también, son los años de militancia de sus mamás y de lxs compañerxs de sus mamás, el valor de tantxs anónimos que dentro y fuera de las organizaciones le pusieron cuerpo, ideas y compromiso al cambio.
Marcho porque como colectivo sobrevivimos a intentos de exterminio físicos y culturales, a ser la nada política, a la violencia, a la desesperación, a la muerte por desatención. Porque no sólo resistimos sino que creamos, inventamos, construimos.
Marcho porque tengo orgullo. ¿Cómo no tenerlo?


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