Archivo documental digitalizado del activismo lésbico, conformado por producciones gráficas y teóricas, registros fotográficos y sonoros, encuentros reflexivos y acciones callejeras de grupos y activistas lesbianas de diferentes momentos históricos, múltiples posiciones políticas, y diversas geografías
de Argentina. Está en permanente construcción, recibiendo nuevos aportes y colaboraciones.

jueves, 15 de septiembre de 2016

valeria flores



Tropismos de la disidencia
Editorial: Palinodia (Chile)
Colección Archivo Feminista
1ª edición septiembre 2017

Preludio

Este conjunto de textos agrupados por pulsión deseante y antojo político como tropismos de la disidencia descubren los micromovimientos, las pequeñas fugas, los giros imperceptibles de un pensamiento situado, hecho carne en mis posicionamientos y devenires como una escritora maestra tortillera activista masculina de la disidencia sexual prosexo del sur-sur.

Textos que fueron una contorsión, una vibración o una profunda vacilación ante las provocaciones a la que me exponía la praxis político pedagógica y que asumieron la forma de (o)posiciones poéticas a debates activistas-académicos en momentos históricos particulares así como intervenciones textuales públicas en disputas al interior de los feminismos locales.

Cada gesto minúsculo del escribir potencia la intensidad de las memorias y localizaciones que cada variedad del decir construye. En las entrañas del ardid para desaprender y evitar las fecundaciones y automatismos macro-operativos de la matriz colonial del pensamiento, el detalle y el accidente importan. Porque es allí donde se resiste la sobreimposición del lenguaje tecnificante de la norma y aparece la singularidad de una voz y una escritura con sus tonos, intensidades, texturas, ritmos y evocaciones visuales, para (re)inventar y (re)crear ficciones desde el precario lenguaje de la experiencia de sí y multiplicar nuestra propia vida así como las posibilidades de existencia.

Contradiciendo el discurso del “más allá” o del “no lugar”, estos textos registran una materialidad temporal, geopolítica, afectiva y política, condiciones sociales y corporales de toda producción cultural. El escenario de su recepción compone una travesía urbana que recorre distintas ciudades como Neuquén, Santiago de Chile, Buenos Aires, La Plata, Cipolletti y Córdoba, en una lonja de tiempo hilvanada por la ficción política de potencia tortillera, que va desde mi último año de activismo en fugitivas del desierto –lesbianas feministas (2008) hasta el final de mi activismo en el archivo digitalizado del activismo lésbico de Argentina (2015).

Un puñado de textos que de manera morosa y rumiante se moduló como un modo de pensar e interrogar que se hacían en el andar mismo de su escritura, agitados por la inventiva, la curiosidad, la pasión y el riesgo de una perspectiva des-heterosexualizante del saber. Textos pulsados desde la rabia y la reflexión, desde el dolor y la celebración, desde las sombras o el privilegio geopolítico, que apenas fueron modificados para evitar repeticiones, actualizar identidades, puntualizar referencias de contexto. Coser este corpus para un libro me sometió gozosamente a la desgarradura de la selección de unos escritos por sobre otros, aunque busqué que en su reunión ocasional el proceso de escritura no se vea despojado ni purificado de las contradicciones, titubeos y tensiones del pensar, componiendo al mismo tiempo una singular economía escritural disidente como proceso de escribir contra sí misma[1].

Aprendimos a escribir en nuestras trayectorias institucionalizadas del saber aleccionadxs por un mandato imperativo, distante y seco de todo rastro corporal, evangelizándonos como técnicxs del deseo o funcionarixs de la verdad. En un laborioso desprendimiento de la industria de la cita, el compendio de estos textos muestra los vaivenes y desplazamientos del pensamiento, su dispersión, su cuestionamiento, su extrañamiento. De modo que algunos escritos dieron lugar a otros textos como preanuncio del despliegue de larvadas reflexiones y supuestos. Así sucedió, por ejemplo, con “Estéticas disonantes Tráfico de masculinidades entre maestra y alumna en el aula”, cuyo aliento provocó, desde lo personal, dar vida al proyecto colaborativo y colectivo de “Chonguitas. Masculinidades de niñas”.[2]

La escritura no refleja, más bien opera como la difracción, diseminando y haciendo proliferar sentidos. Estos ensayos armaron tentativas de evacuar al “yo” autosuficiente como una especie de desposesión, de subvertir la instrumentalización del lenguaje que impone la acción política,  de resistir la burocratización y jerarquización de la palabra autorizada desde la legalidad académica, de combatir el privilegio de la eficiencia que traza caminos expeditos y sin ningún titubeo tanto de la prosa formularia desvinculada de toda marca subjetiva como de las consignas programáticas del activismo. Perturbar la conformidad y autocomplacencia que delimitan y circunscriben los territorios vitales de la imaginación y creatividad político-pedagógica es el ánimo que palpita en estos textos.
La tarea de escribir se fue modulando como un aventurarse al compromiso y el riesgo con formas de decir, ver, sentir y leer que desconfían del simplismo verbal transmitido por los léxicos estereotipados del mercado tecnomediático,  que uniformizan y naturalizan los relatos de la vida, ofreciéndose como los únicos modos aparentemente disponibles y eficaces para comprender la realidad, incluso, para denunciarla o impugnarla.

Estas producciones escriturales como performances ensayísticas de una política del movimiento del cuerpo, de las mutaciones del lenguaje, de los temblores de la acción política, de los desplazamientos del deseo, de las contingencias de los afectos,  del erotismo que impulsa y excita los procesos de conocimiento, de las interpelaciones del presente, ubican la práctica teórica como práctica política tramada promiscuamente con la acción poética, política, vital, en los márgenes o en los intersticios del registro académico.

La escritura aquí no es más que ejercicio poético de la disidencia sexual como posicionamiento activo y discusión pública, que procura liberar la experiencia de politización de la vida, la identidad sexo-genérica y el trabajo docente del secuestro de las formalizaciones técnicas y los requerimientos administrativos que aplanan y diluyen ideas, sueños, expectativas, identidades, afectos. La práctica escritural se fue (des)organizando como una forma de producción e invención de pensamiento y sensibilidad política pedagógica sobre la propia tarea, arremetiendo contra la idolatría de lxs autorxs y la compulsión iluminista de instruir y predicar.

Las palabras no solamente nombran el mundo, sino que el modo mismo de nombrar construye nuestras posibilidades de ver y de imaginar otros mundos en el que se disputan los vocabularios disponibles que diseñan los límites de lo visible, lo viable y lo posible, construyendo una sensibilidad capaz de hospedar lo que nos resulta extraño, paradójico, contradictorio, conflictivo. La escritura también es una práctica de lectura, el momento de una escucha que se hace en las trazas de la carne como operación política y maniobra epistemológica de resistencia al fascismo de la lengua, a las costumbres del pensamiento heterociscentrado colonial y neoliberal. Mis lecturas tan dispares, fragmentarias, disímiles y heteróclitas, son una especie de aleación heterodoxa del saber. Leer filosofía para pensar políticamente, leer ficción como cuestión de fe, leer pedagogía como manual vitalista, leer poesía como crítica del mundo, y así, leer para despertenecer, o lo que Donna Haraway llamaría posicionamientos móviles y desvinculaciones apasionadas. Por eso una poética no sólo es una mera experiencia íntima en la que el lenguaje ha sido sometido a reflexión por una cierta subjetividad, en la que el decir no ha sido domesticado en la cárcel del lenguaje transparente del orden comunicativo, sino que convoca una experiencia éxtima, de mundos, cuerpos y lenguas otras que me (des)componen.

El acto de escritura resulta una experimentación de nuevos y singulares modos de nombrar y de contar y (des)hacer/nos lo que somos o dejamos de ser, combina un poco de adivinación, un poco de técnica, y mucho de curiosidad para aportar a la economía textual de ese campo tan vital como quimérico de fuerzas creadoras que son los feminismos y la disidencia sexual. Zona vírica de contiendas teóricas y políticas que combina con más o menos suerte, la desorganización crítica con la utilidad contingente de las identidades; constituyendo más que un discurso de unidad, una intersección de dudas y derrumbes de fronteras cristalizadas; más que un punto de equilibrio, un sitio de conmoción y pugnas[3].

Tropismos de la disidencia es apenas un compartir el trabajo molecular,  intermitente e inacabado de politización de las intervenciones cotidianas, que empuja el lenguaje normalizado y acecha sus formas fascistas que gobiernan nuestros cuerpos, afinando su musicalidad con el equívoco, la contradicción, la incertidumbre.

Textos como acontecimientos microscópicos que persiguen erosionar los convencionalismos culturales y retóricos dominantes en un diálogo barroco que sea portal hacia la propia vulnerabilidad,  dejándonos llevar por la escritura como modo de (des)hacernos a nosotras mismas, porque la escritura nunca es individual, siempre hay resonancias colectivas.

Todo conocimiento y toda ignorancia suponen una forma de violencia, una de las más difíciles de reconocer, la que hace del otrx una vida despreciable o inexistente. Porque somos heridas por un saber, un lenguaje, un modo de conocer, una manera de organizar los cuerpos y deseos que suprime y privatiza las expresiones no heteronormativas. Si una forma de vida transforma una forma de lenguaje y, recíprocamente, una forma de lenguaje transforma una forma de vida, estos tropismos escriturales son pequeñas conspiraciones sensibles, poéticas y políticas desde el sur decolonial para una urgente imaginación radical.

val flores (2016)


[1] valeria flores, Escribir contra sí misma: una microtecnología de subjetivación política, en Yuderkys Espinosa Miñoso coord., Aproximaciones críticas a las prácticas teórico-políticas del feminismo latinoamericano. editorial en la frontera. Buenos Aires, 2010.
[2] El libro “Chonguitas: masculinidades de niñas” es una compilación de 44 relatos y fotos de infancias masculinas protagonizadas y encarnadas por niñas, realizada por fabi tron y valeria flores; y editada en el año 2013 por la Mondonga Dark, una editorial autogestiva neuquina. El proyecto inicial fue un libro virtual y la publicación en papel fue posible por iniciativa de Editorial Kuruf (Fiske Menuco y Neuquén).
[3] valeria flores, “Una intersección mitopoiética : feminismos y disidencia sexual”, en interruqciones. Ensayos de poética activista. Escritura, política, educación. La Mondonga dark, Neuquén, 2013.


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