Archivo documental digitalizado del activismo lésbico, conformado por producciones gráficas y teóricas, registros fotográficos y sonoros, encuentros reflexivos y acciones callejeras de grupos y activistas lesbianas de diferentes momentos históricos, múltiples posiciones políticas, y diversas geografías
de Argentina. Está en permanente construcción, recibiendo nuevos aportes y colaboraciones.

viernes, 18 de abril de 2014

Virginia Cano



Titubea mi lengua

Virginia Cano*


Titubea mi lengua muerta, la que he perdido, la que me ha abandonado. Titubea mi lengua viva, la que he encontrado, la que me ha amparado.

Todas las lesbianas tenemos lenguas largas. Eso dice el portero de mi edificio, mientras la señora del tercero "d" asiente -con su lengua ya cansada-. Todas las mañanas, a las ocho en punto, la cansada lengua y la señora bajan juntas en el ascensor rumbo a quién sabe dónde. Las escucho siempre. Su recorrido las emparenta con el mío, dado que vivo en el segundo "c", paso obligado de su peregrinación matutina./La lengua lesbiana es una lengua larga, interminable. En su viscosidad cabemos tod@s, incluso las que llevan medias de colores, las que hemos perdido el amor, y las que aún no han sido iniciadas en la peregrinaje a la isla de lesbos. La lengua lesbiana es una lengua deshecha, incompleta, alquimia de cuerpos, textos, sexos, besos, huecos, gritos, ecos, dedos, puños, teclas, caracteres y silencios. De allí que la "Labiología" constituya una de sus disciplinas centrales, junto con el estudio de las artes lésbico-amatorias (en las modalidades de teóricos y prácticos) y la Scientia-F(r)ictionis o teoría de la narración lesbiana, para el desarrollo de la una "Lesbología" desquiciada. Ya los primero colonos adentraron en las selvas tempestuosas del amazonas en busca de la mítica lengua lesbiana, cuya extensión -se proyectaba- superaría los trece metros de largo. No dejan de ser significativos los descubrimientos del arqueólogx sueco, E. Zvik, quien asegura que se han encontrado, en la zona de las islas tortilleras, fósiles de lenguas cuya longitud oscilaría en el rango de los treinta y los cuarenta centrímetros de largo. Una lengua verdaderamente larga. Como la que dice mi portero.

La lengua lesbiana está perdida.
. Y aún así, hasta mi portero, sabe que la lengua lesbiana ex-tensa, y que se tensa, erecta, alarga, contornea, penetra, distiende, ex-tiende, oscila, y se pierde, como la lengua lesbiana, siempre, des-hecha. En movimiento.
Como su sexo. Como su texto.
/Yo quiero mi lengua lesbiana. //////

La primera lesbiana filósofa, Diotima Torticratus (siglo VII a.c.), sostuvo (afirmándose como precursora del famoso argumento ontológico cartesiano y del coger-para-la-muerte (post)heidegeriano):
"Cojo, luego existo.
Cojo, luego muero." (Fr. 45, Lesbografías.)

Las lesbianas, dice el portero de mi edificio, tenemos lenguas largas. Lo cual -ahora que lo pienso mejor- es una gran ventaja adaptativa a la hora de pegar estampillas. A veces, mi lengua se hace pierna, se estira, se tensa, se entre-pierna.

//Quiero mi lengua en la entre-pierna que ella ha inventado para mí. Y la quiero larga. Incluso más larga que la que dice el portero. Y la quiero puño, y la quiero gesto.
La deseo texto. //

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*Lesbiana, feminista, docente, filósofa
Texto publicado en Revista Gente Rara N° 8. Arte, cultura y disidencia sexual. Año IV. Venezuela 2014. Pág. 39

http://issuu.com/genterara/docs/gr08

1 comentario:

Elina dijo...

Que linda sos virginia y que bien escribis, dos buenas cualidades