Archivo documental digitalizado del activismo lésbico, conformado por producciones gráficas y teóricas, registros fotográficos y sonoros, encuentros reflexivos y acciones callejeras de grupos y activistas lesbianas de diferentes momentos históricos, múltiples posiciones políticas, y diversas geografías
de Argentina. Está en permanente construcción, recibiendo nuevos aportes y colaboraciones.

lunes, 29 de agosto de 2011

picnic lésbico


En plaza Azcuénaga



Un pic-nic lésbico contra la discriminación


Las chicas compartieron una tarde de sol reivindicando su condición de lesbianas












Galería de Imágenes (2)

Las chicas aprovecharon la tarde soleada del domingo para charlar de los pactos de silencio vigentes en la sociedad
El paseo de artesanos de plaza Azcuénaga (19 y 44) se compone de prolijos puestos de gazebo blanco que ocupan toda la diagonal asfaltada que cruza la plaza. Cada fin de semana, es visitada por numerosas familias y vecinos del barrio La Loma. En esa misma feria, algunos fines de semana atrás, una lesbiana tuvo la oportunidad de ocupar uno de los puestos para exhibir sus artesanías para la venta. La encargada de la feria le advirtió la condición que rige para todo nuevo puestero: estaría "a prueba" por un puñado de fines de semana. El primer sábado, la chica concurrió con su novia. En el segundo, la acompañaron algunas de sus amigas, también lesbianas. Para el tercero, la advertencia de la encargada se convirtió en una sugerencia sin opciones: "por ser una feria familiar, preferimos que no vengas, no queremos 'escenitas'de besos", fue la explicación para negarle el espacio desde entonces.
Para visibilizar lo que se oculta, para apropiarse del espacio que les corresponde en la sociedad como a cualquier otra persona, para demostrar que son tan iguales como el resto, un grupo de lesbianas se convocó ayer a un "Pic-nic por el amor lésbico" en esa misma plaza que excluyó a una de sus amigas por su orientación sexual.
"Vinimos porque nosotras también somos una familia", explicaron a Diagonales entre sandwichitos de salame y queso, mate y galletitas. "Se supone que no les molesta que una sea lesbiana, pero cuando te das un beso ahí cruzás el límite de la tolerancia", relataron. Por su experiencia de vida, la discriminación y la violencia verbal comienzan cuando muestran con hechos su elección sexual. "La lesbiandad está asociada a la promiscuidad, ¿qué parámetros de familia tienen en esta feria, sino?", se preguntaron.
Las chicas aprovecharon la tarde soleada del domingo para charlar de los pactos de silencio vigentes en la sociedad, que rigen como en la mayoría de las familias. "Cuando uno se corre de la norma de heterosexualidad, la sociedad te niega, intenta invisibilizarlo, como sucedió con nuestra amiga", reflexionaron. "Si no entrás en los parámetros que ellos quieren, sos rara, mejor no verte", remarcaron. Y disfrutaron como cualquier otro visitante de la feria de prolijos gazebos blancos, pero le imprimieron sus propios colores a la tarde: detrás de su pic-nic, las acompañó la muñeca "Súper torta" hecha de madera, emponchada con la bandera del orgullo gay y una bufanda multicolor.









nota publicada en el diario Diagonales, de la ciudad de La Plata:
http://www.elargentino.com/nota-155260-Un-pic-nic-lesbico-contra-la-discriminacion.html





sábado, 27 de agosto de 2011

III Diálogos críticos del activismo lésbico: fotos





Fotos: la 7.

La Minuta de estos diálogos se encuentra en proceso de edición.

III Diálogos críticos del activismo lésbico: convocatoria

Convocatoria

Los Diálogos críticos fueron impulsados como una instancia de debate entre activistas y colectivas de lesbianas –sin carácter excluyente- acerca de la situación en que se encuentra actualmente el activismo lésbico.
Desde múltiples identificaciones políticas e identitarias (mujeres lesbianas, lesbianas, lesbianas anarquistas, lesbianas feministas, lesbianas latinoamericanas, lesbianas queer, lesbianas marxistas, etc), el espacio fue delineando su dinámica propia, haciendo evidente la necesidad del debate -que se veía clausurado por los devenires de la actual coyuntura- así como las dificultades para entrar en él desde nuestras diferencias.
En este sentido, y al calor de los debates pasados, creemos que es imprescindible reconocer el rol  que juega la “crítica” en un movimiento político como dinamizador de sus perspectivas teóricas y de la acción.
Por un lado, es preciso visibilizar, con el fin de trasformar,  la existencia de una práctica reiterada de la “crítica” en términos de descalificación de acciones, agresiones personales, sin fundamentos políticos o que quedan secundarizados al momento de hacerla. Este tipo de “crítica” ha promovido la destrucción de espacios colectivos y daños subjetivos a las activistas por el maltrato recibido.
Por otro lado, estamos convencidas que toda actividad política requiere de la práctica de la “crítica” como operación de desnaturalización de sentidos. Mostrar, revelar que los signos, las formas, no son nunca inocentes, ni las palabras, ni las imágenes, que la realidad no habla por sí misma, que cobra sentido a través de mediaciones discursivas y que esas mediaciones discursivas deben ser precisamente desmontadas y remontadas. Hay una tarea de la “crítica” que tiene que ver con el hacer, el deshacer y el rehacer los discursos y las prácticas, que es absolutamente clave para tensionar los enunciados y presupuestos de nuestras políticas, mostrando los conflictos, antagonismos y contradicciones.
Por eso, los Diálogos críticos pretenden funcionar como un modo de pensamiento colectivo, una modalidad de invención teórica y práctica activista, donde poder ensayar voces heterogéneas que activen una diversidad de articulaciones discursivas, políticas, estéticas y afectivas, que desborden el refugio del propio grupo.
La propuesta para este tercer encuentro consiste en una invitación a pensar, problematizar, disentir, acordar, complejizar, disputar, confrontar, alrededor de esta hipótesis:
“Las políticas de diversidad que se han propulsado desde los sectores hegemónicos del movimiento lgtb y feminista, en alianza con sectores gubernamentales, han construido nuevas homonormatividades, cuyas matrices de sentido se articulan sobre renovadas  visibilidades de identidades y cuerpos, que deben cumplimentar ciertos requisitos para el acceso a la visibilidad pública. A su vez, estas políticas de renegociación de las normas sexuales, han supuesto nuevas invisibilidades y opacidades de identidades, identificaciones sexo-genéricas  y cuerpos que no alcanzan, no desean o no cumplen dichos requisitos para entrar en el campo de la “ciudadanía respetable”. La clausura pública de muchas existencias y modos de relación sexo-afectiva, que no se encuadran en una identidad de carácter totalizante e instituida como legítima, se inscribe  en una coordenada política liberal que marca que el derecho de unos cuerpos se paga con la impugnación de otros”.
Además, renovamos la convocatoria para el armado de un segundo video de presentaciones de activistas y colectivas. Para ello, solicitamos –como en la propuesta pasada-, enviar:
  • Hasta 5 fotos

  • Un breve texto de referencia del grupo/activista (nombre, lugar de activismo, en qué consiste su activismo, fecha en que comenzaron a activar). Máxima extensión: 25 líneas

Enviar a: fabianatron@yahoo.com.ar   hasta el 22 de agosto.
Próximamente, brindaremos información acerca del espacio virtual en que quedarán alojados los videos para que estén disponibles públicamente.
El envío del material no condiciona la participación ni la toma de la palabra.
La convocatoria es el sábado 27 de agosto a las 18 horas, en Casa Brandon (Luis María Drago 236, CABA).

jueves, 25 de agosto de 2011

Lesbianas y feministas por la descriminalización del aborto

"Aborto: más humor, menos drama"

Columna radial en la Red Nosotras en el Mundo, con los monólogos de la Torta Bores y temas musicales de Aborteras Vengadoras

25 de agosto: columna 6

4 de agosto : columna 5

30 de junio: columna 4
26 de mayo: columna 3
28 de abril: columna 2
1 de abril: columna 1


sábado, 20 de agosto de 2011

martes, 16 de agosto de 2011

Andrea Lacombe



Por Andrea Lacombe

En marzo de 2010 el asesinato de Natalia “la Pepa” Gaitán conmocionó el barrio de Parque Liceo Segunda Sección de la mediterránea ciudad de Córdoba, en Argentina. Daniel Torres, padrastro de Dayana, novia de “la Pepa” en ese entonces, le disparó a quemarropa con una escopeta dando fin a una discusión en la que él no había emitido siquiera una opinión. La pelea que se desarrollaba en el jardín de su casa era protagonizada por su mujer, Silvia Sánchez, su hijastra Dayana, Gabriela Cepeda, una amiga de la víctima y la propia Gaitán, quien llegó al final para tratar de mediar en la situación. El disparo que puso fin a la riña y a la vida de “la Pepa” abrió un debate que involucra a la justicia, al activismo LGBT y la sociedad, sobre cuáles –y cuáles no– son los sujetos amparados por las leyes anti-discriminación.

A mediados de los años cincuenta Ray Bradbury escribió sus Crónicas marcianas, relatos en los que la llegada a Marte y la colonización del planeta por parte de los humanos servían como metáforas de temas como la esclavitud, la xenofobia y la discriminación, modos en que el miedo construye alteridad y extrañamiento. El extrañamiento en este juicio no sólo estuvo presente en los relatos que se escucharon a lo largo de dos semanas de juicio y que dieron cuenta de una masculinidad fuera de padrón, sino en el mismo proceso, en la construcción de un relato cyborg al que tuvo que recurrir Natalia Milisenda, la abogada querellante, para hacer legibles sus argumentos por el sistema judicial: una urdiembre jurídica en la que fue entretejiendo academia y política para darle nombre a lo nefando. ‘Lesbiana’, ‘lesbofobia’, ‘lesbiana masculina’, dudo que estas palabras hayan resonado tantas veces en algún recinto judicial del país como lo hizo en la Cámara Séptima del Crimen de la ciudad de Córdoba las últimas dos semanas. Ese tribunal fue el escenario de una confluencia extraordinaria entre discurso jurídico, político y académico que se vio plasmada en el modo en que la querella fue llevando la oralidad del juicio, obligando tanto a la fiscalía como a la defensa a buscar en la doctrina jurídica alguna palabra que fuera capaz de dialogar con lo que se intentaba plantear.

La dificultad en escucharlas fue obvia. En su alegato final el abogado defensor César Lapascua a duras penas fue capaz de hablar de “discriminación genérica” y sólo para argumentar que “nada de eso” había existido en la conducta de su cliente. Luego de leída ayer la sentencia, el fiscal Fernando Amoedo reconoció el extrañamiento y se refirió al término “lesbofobia” como una palabra que no había usado nunca. “Me gusta más hablar de discriminación por la preferencia sexual”, indicó, y opinó que lesbofobia “es un rótulo demasiado rígido” . Para él fue “un hecho vinculado a la violencia de género”. Si hubo discriminación fue por mujer y no por lesbiana, aseguró.

En este punto la querella discordó. La misoginia y la lesbofobia tienen la misma base cultural, explicó Natalia Milisenda, abogada querellante, en consonancia con la opinión de la filósofa María Mercedes Gómez, quien explica que existen dos tipos de violencia por prejuicio sexual, jerárquica y excluyente y que entre ambas hay un continuo. “La violencia contra las mujeres que no se perciben como lesbianas y la violencia doméstica son del orden jerárquico porque por lo general son producidas con el fin de mantener al otro subordinado. Los ataques contra lesbianas tienen un componente fuerte de exclusión en el sentido de que no hay negociación posible”,detalla.

En este sentido, no sólo el caso juzgado debe ser leído en un contexto más amplio que el instante en que Torres apretó el gatillo y la perdigonada impactó sobre Gaitán, sino el juicio en sí mismo. “Me la mataron como un perro” repitió una y otra vez para quien quisiera oírla Graciela, la madre de Natalia Gaitán, denotando la deshumanización que se necesita para usar un arma de caza para matar una persona. Construir la monstruosidad, cosificar al otro, llevarlo al terreno de la abyección, desubjetivarlo, es el camino que sigue la constitución de un crimen de odio.

Diferentes paradigmas epistemológicos sobre los significados de mujer, sexualidad, discriminación, odio y sus implicancias a la hora de tipificar tanto crímenes como sujetos de derecho, se confrontaron en la sala de la Cámara Séptima de los Tribunales penales cordobeses. El discurso jurídico que precisa verdades únicas e irrefutables, en el alegado por el fiscal, no conseguía dar cuenta de un hecho que va más allá de ese modo de concebir la prueba. Género y orientación sexual aparecieron en la querella como categorías necesarias para pensar y poner en acto la justicia.

Fueron muchas las versiones que se escucharon en las dos semanas que duró el juicio. Todas tenían en común una historia en la que la incomprensión actuó como motor del miedo y el desentendimiento. Se dijo que, despechada, la madre de Dayana, quien también estaba enamorada de Gaitán, actuó por celos al denunciar ante la justicia que su hija había hecho abandono de domicilio y vivía con una mayor. Silvia desmintió este argumento y explicó que quería que su hija fuera normal, como lo es ahora que sale con un hombre. “Silvia Sánchez vino a verme porque estaba preocupada por su hija, primero me manifestó su angustia porque vivía con una mayor, pero luego me explicó que era por su orientación sexual”, declaró Mariana Molla, psicóloga del Programa de Revinculación Familiar de la Subsecretaría de Familia de la Provincia. “Me pidió que la ayudara a que su hija cambiara, que fuera normal de nuevo; yo la derivé a otro especialista para que la ayudara a ella a aceptar la elección sexual de su hija”, agregó Molla.

El fiscal Fernando Amoedo en sus alegatos finales entendió este “malestar” de Silvia Suárez como “una preocupación de una madre por el bienestar de una hija –que al momento de los hechos era menor de edad– quien ejerció los derechos de patria potestad en cuanto estaba bajo su autoridad y cuidados” . Bajo tales circunstancias, y apelando a la Convención Internacional de los Derechos del Niño, el magistrado sostuvo la necesidad de Dayana acatar la palabra de su madre. La querella, sin embargo, entendió que la Ley 26.061 de niñez y adolescencia promulgada en 2006, estableció en el país un cambio de paradigma en temas de minoridad. La idea de “protección integral”, que modifica la concepción de “menor” e introduce el principio de la capacidad progresiva de niños y adolescentes, impide sostener que los padres en ejercicio de su patria potestad puedan avasallar los derechos de sus hijos. “Cuando el señor fiscal pone sobre la mesa el derecho que otorga la patria potestad se olvida que a partir de [ese] cambio de paradigma todos los derechos de los adultos deberán también ser respetados y garantizados a los niños y adolescentes, en virtud de lo que no considero viable que en nombre de la patria potestad una madre pueda avasallar a su hija en su derecho a vivir y expresar su orientación sexual. La orientación sexual no se adquiere con la mayoría de edad sino que es una construcción personal y constante que se desarrolla a lo largo de la vida de una persona”, argumentó Milisenda. En el momento del crimen Dayana tenía 17 años; en el país la edad de consentimiento para mantener relaciones sexuales es de 16, por lo tanto, se preguntó la abogada, “¿por qué apelar al argumento de la diferencia de edad? La preocupación de la familia de Dayana se debía a la dificultad para aceptar la orientación sexual de su hija y no que estuviera en riesgo inminente su integridad física o emocional”.

Pelo corto, ropas masculinas, amante de las motos y del fútbol, son algunas características que definieron a Natalia Gaitán a lo largo del juicio. El uso del sobrenombre “la Pepa” –que ella misma prefería y había adoptado y que en Córdoba puede designar tanto a un hombre como a una mujer–, fue otra. La forma en que estas definiciones fueron tomadas por los diferentes actores jurídicos es una metáfora de los valores morales que estas masculinidades no hegemónicas ponen en juego socialmente.

“¿Natalia era un mujer que daba miedo?”, insistió el defensor frente a los testigos. El Tribunal le marcó el desacato en sus palabras, las mismas que a lo largo del juicio trataron de construir una imagen de lesbiana masculina, promiscua, pendenciera, violenta, amenazante. En su alegato final Lapascua volvió a la carga con este argumento. La estrategia de la defensa fue el espejo en el que la querella se paró para mostrar el reflejo que a “la Pepa” le devolvía la sociedad: la masculinidad lésbica denota inseguridad para el otro. “Las lesbianas enfrentan cierta forma de la masculinidad, que ante su presencia se ve amenazada. Si el ataque contra los gays tiene como filosofía ‘yo podría ser como usted pero no me quiero volver usted’, contra las lesbianas es ‘usted me roba lo que yo quiero ser y me devuelve una imagen de castrado, la imagen de una mentira”, elucida María Mercedes Gómez. Esta es la imagen que Lapascua trató de construir a lo largo del juicio. Prefirió exponer la castración de su cliente por parte de “la Pepa”, a admitir que existió discriminación: “encontré en Torres una persona asustada y apabullada por la situación. La realidad es que Pepa era una persona robusta que hacía boxeo y vale-todo; Pepa Gaitán era una persona que producía miedo”, argumentó el defensor en su alegato final.

“El deseo lésbico no se constituye en relación con el deseo de lo masculino; por ello lo amenaza. Es una exclusión radical que, al bloquear la participación masculina de los actos del deseo, desafía el sistema y crea un orden profundamente problemático”, explica Gómez. Las masculinidades no hegemónicas ponen al descubierto la fragilidad de las asertorias categorías de masculino-femenino/hombre-mujer, desestabilizando su pretendida universalidad. Torres y su abogado defensor contribuyeron a corroborar este argumento.

Por otro lado, la discriminación por su expresión de género masculina generaba angustia en “la Pepa”, quien vivía con dolor su condición sexual al no sentirse comprendida y aceptada. Entrar y salir de la masculinidad, desarticular el binario hombre-masculinidad/mujer-feminidad e investirla en un cuerpo que no es el socialmente atribuido para tal son atributos que, lejos de celebrarse, son sancionados en nuestra sociedad. Su propia familia atestiguó sobre el proceso que supuso la aceptación de su orientación sexual como lesbiana incluyendo su expresión de género masculina, desde los primeros años de su adolescencia, entendiendo que lo más importante era el amor y la contención de su propia familia. Este proceso, explicó Milisenda, implica “desaprender la lesbofobia internalizada desde muy chicos, y que aprendemos a través de mitos y prejuicios que hacen que tengamos imágenes negativas de las lesbianas, para valorar las distintas orientaciones sexuales y expresiones de género como parte de la diversidad humana sin esa carga negativa”.

La Pepa murió no sólo por lesbiana sino por lesbiana masculina, remarcó una y otra vez  la abogada. A lo largo de su vida fue repetidamente detenida por la policía “por portación indebida de masculinidad”, hostigada, excluida del acceso al trabajo y la educación, viendo limitada su circulación en la ciudad por la aplicación del código de faltas; encontrando distintas maneras de lidiar con el rechazo social hacia su identidad que la estigmatizaba todos los días. “Esa misma violencia se vuelve a repetir en este juicio cuando en lugar de ser la víctima ha sido sospechada y demonizada una y otra vez, proyectando sobre ‘Pepa’ la culpa sobre su propia muerte, de lo que hicieron eco muchos medios de comunicación. Lo peor de estas descripciones es que contribuyen a perpetuar y reproducir el disciplinamiento social que impone la lesbofobia que hace que resuene en cada mujer, en cada adolescente y cada niña de Córdoba: no serás como la Pepa o terminarás como ella”, denunció Milisenda en un sentido alegato final.

La ley nacional antidiscriminación N° 23.592, sancionada en 1998, estipula en su artículo primero que serán considerados discriminatorios aquellos actos u omisiones motivados por “raza, religión, nacionalidad, ideología, opinión política o gremial, sexo, posición económica, condición social o caracteres físicos”. La orientación sexual no está tipificada como acto discriminatorio. Actualmente en revisión en la Cámara de Diputados de la Nación, se espera que en un futuro incluya tanto la orientación sexual como la identidad de género entre las causales de discriminación. Se espera también que este juicio sirva para expresar la necesidad de estas carátulas como agravantes en otros casos.

A su vez, la promiscuidad como un aspecto denostado moralmente revela la sanción social que trae aparejada la noción de “monogamia hasta que la muerte nos separe”.“Natalia ‘la Pepa’ Gaitán era una mujer muy codiciada”, manifestó su madre durante el juicio. “Las mujeres se peleaban por ella, se la disputaban, le regalaban ropa, zapatillas, hasta una moto una vez sabiendo que eran su pasión; tenía unas mujeres impresionantes y yo no andaba investigándole el corazón a mis hijos que ya son grandes”, puntualizó. En busca de la conformación del prejuicio que fundamentara el miedo de Torres hacia Gaitán, Lapascua prefirió el adjetivo de “promiscua” al de “codiciada” y trató de valerse de esta situación en el interrogatorio a Karen, de quien “la Pepa’’ se separó luego de comenzada su relación con Dayana, buscando dejos de violencia y descuido. El argumento fue tajantemente refutado por Karen, quien declaró que “yo con ‘la Pepa’ siempre tuve una muy buena relación, aún después de separarnos, porque ella era una excelente persona que sólo optó por estar con alguien más”. Esos prejuicios son los que construyen el abismo de sentido entre la defensa y la querella: atenuantes para una, agravantes para la otra.

Para que un juicio tenga lugar son necesarios un jurado, un fiscal que represente los “intereses del pueblo” y una defensa que garantice los derechos del acusado. A veces estas dos últimas voces no alcanzan. En el juicio por el asesinato de Natalia “la Pepa” Gaitán fue necesaria una querellante que pusiera voz al odio silenciado, al crimen que se perpetra contra ‘lo otro’, al lesbicidio. En el final de su alegato la querella dejó sentada la relevancia de su participación al dirigirse al Jurado, instándolos a la reflexión: “hoy tienen ante sus estrados un caso paradigmático; no único ni aislado. Estas muertes, como la de ‘la Pepa’, suceden día a día en nuestro país, en nuestra ciudad. Hoy los motivos de su muerte llegan para ponerse en tela de juicio en su tribunal. Les propongo que nos animemos a la tarea de reconocer hasta qué punto tenemos internalizada la lesbofobia y estos prejuicios que le dan sentido a muchos sentimientos y pensamientos en nuestra vida cotidiana a todos y cada uno de nosotros”.

Por unanimidad, y oyendo lo solicitado por el fiscal Amoedo, el jurado integrado por los jueces Víctor Vélez, Ricardo Iriarte y Carlos Ruiz sentenció a Daniel Torres a 14 años de prisión efectiva por el cargo de homicidio simple agravado por el uso de arma de fuego. El 23 de agosto harán conocer el pleno de su dictamen. Habrá que esperar hasta ese día para saber si los fundamentos hacen eco del alegato de la querella, que pone en cuestión cuáles son las posibilidades que personas como Natalia “la Pepa” Gaitán tienen de habitar este mundo o si, como en las crónicas de Bradbury, la alteridad necesita un mundo externo y extemporáneo –otro planeta– para ser vivida sin esa severa cuota de extrañamiento.

Fuente: Boletín del Clam – www.clam.org.br

lunes, 15 de agosto de 2011

Morgan Ztardust


Intervención videográfica "Miradas que sostienen", una propuesta de Morgan Ztardust, videasta tortilla queer postfeminista (La Plata), a partir de reflexiones sobre el asesinato de la Pepa Gaitán, las políticas de representación visual e iconográfica, la crítica a las retóricas de victimización y la irrepresentabilidad de la ausencia.

domingo, 14 de agosto de 2011

Annamarie Jagose y Michael Warner, por Gabriela Adelstein

"La construcción del mundo queer"
Annamarie Jagose entrevista a Michael Warner
por ANNAMARIE JAGOSE

[1] JAGOSE: En la cubierta rosa de The Trouble with Normal hay una fila de muñecos de plástico varones, vestidos alternadamente con una chaqueta formal de novio blanca y moño negro, o con gorra de motociclista leather y correas de bondage sobre el pecho. Nadie podría tomarlos por una pareja, y sin embargo, como par icónico, representan oposiciones –matrimonio y sexo público- que, colectivamente aunque de forma algo esquizofrénica, caracteriza a la cultura gay masculina contemporánea. ¿Cómo se resuelven las tensiones entre estas dos perspectivas a nivel no sólo de las prácticas de vida cotidiana, sino de algo que podríamos llamar la ética del cotidiano?
[2] WARNER: Sería un error interpretar demasiado de una cubierta de libro, sobre la cual uno tiene poco control. El diseño inicial, por otra parte, tenía dos novios de torta idénticos. Mi objeción fue que esta imagen ya había sido usada para otros libros, que de hecho era un cliché del matrimonio gay, y que de ninguna manera sugería lo queer que era tan central en mi tema. La editorial amablemente cambió la cubierta. El resultado, sin embargo, es una imagen que no era lo que se pensó al principio, y es un poco difícil de leer. Supongo que me gusta por esa razón. ¿Cuál es el mensaje? No lo sé, excepto que señala una tensión entre tipificaciones rivales del estilo gay masculino, de la sexualidad, de la sociabilidad. En consecuencia, plantea ¿hacia dónde va la putez? Espero que el libro tenga una forma bastante diferente de plantear las mismas preguntas, una forma menos comprometida con una única tipificación de la experiencia queer, o del sexo o de la sexualidad del sujeto del movimiento, o de la idea de que las chaquetas de casamiento y el cuero representan clases totalmente diferentes de personas, y mucho menos que cada clase debería ser idealizada para todos. No espero que nadie mire la cubierta del libro y la tome como un mensaje sobre cómo vivir. Espero que la gente la mire y se sienta molesta, o confundido, por un campo de idealizaciones en disputa. Y además, ese color...

Traducción de Gabriela Adelstein

Artículo completo: La construcción del mundo queer



martes, 9 de agosto de 2011

valeria flores

La escritura de la mosca. Territorios imaginarios, feminismos y cuerpos imposibles

Y fue en aquel silencio, aquel día, cuando de repente, en la pared,
muy cerca de mí, vi y oí los últimos minutos de la vida
de una mosca común…
Me senté en el suelo para no asustarla. Me quedé quieta.[1]

Mientras se desarrollaba el juicio por el asesinato de la Pepa Gaitán, fusilada por el padrastro de su novia en marzo del 2010, tenía en mis manos Escribir, de Maguerite Duras y un pasaje del libro me pegó un zarpazo visual de tal magnitud que mi lectura literaria devino en lectura política. La imagen del epígrafe, de la agonía de la mosca común, desplegó la articulación de una poética de la voz que, mascullante, se gestaba en mi pensamiento. La mosca me situaba en una cercanía de insospechada marca identitaria. Kristeva afirmaba que la crítica política se ejerce desde el trabajo mismo de la escritura, en la talla del lenguaje. Así asomó esta escena de escritura como escena del pensar, con su economía lenta de pausas e intervalos, desandando los caminos de lo instituido, desechando enunciados despojados de toda materialidad sensible. Entonces, un juego inconexo de territorialidades se fue desplegando a medida que leía a Duras, a medida que transcurría el juicio, a medida que aumentaba mi desolación por la escasa repercusión en el activismo feminista. Territorios del deseo y de la contienda política. Por el territorio se mata y se muere, y en Ledesma se reactualizaba el imperativo. Ficciones de fronteras, de divisiones, de nosotr*s y los otr*s, de extranjer*s y nativ*s, de viajes y pasajes. La mosca venía a encender, una vez más, el sentimiento de extranjería superlativa de las lesbianas.

Estaba sola con ella en toda la extensión de la casa. Nunca
hasta entonces había pensado en las moscas, excepto para
maldecirlas, seguramente. Como usted. Fui educada como usted
en el horror hacia esa calamidad universal, que producía
la peste y la cólera.[2]

El asesinato de la Pepa fue un acontecimiento traumático cuyas resonancias en el activismo feminista se limitaron, casi con exclusividad, a firmar alguna declaración que circuló en forma electrónica y en exhibir, nuevamente, un debate silenciado y siempre inconcluso –por suerte-acerca de los cuerpos del feminismo. Habrá quienes estarán evaluando la injusticia de mis aseveraciones, ya que no sólo el feminismo tuvo una política de silencio con respecto a este asesinato, imposibilitado por sus preceptos teóricos-políticos de actuar más enfáticamente. Otros movimientos también tuvieron similar actuación. Es cierto, igualdad en la inacción y en la falta de sensibilidad política. La ignominiosa maniobra de la Federación Argentina de Lesbianas, Gays y Trans, que abandonó política y económicamente a Natalia Milisenda, la abogada de la familia de la Pepa, requiere de un repudio enérgico de la comunidad activista. Pero en este momento mi inquietud se detiene en el feminismo porque es el territorio que transito, un campo prolífico de prácticas, teorías y deseos en tensiones, al que tengo una afiliación dificultosa, disputada, compleja, pero filiación al fin. En el que suelo posicionarme con acento heterodoxo porque rehúso aquellos referentes, perspectivas y estrategias que se vuelven dogmáticas y casi incuestionables. Porque aprendí del feminismo, tuve miedo de cierto feminismo, y sigo apostando al feminismo. Este es el silencio y el silenciamiento que me interesa destacar, el de procedencia feminista que apenas se hizo eco de esta muerte.

...

Texto completo: La escritura de la mosca

publicado en escritos heréticos





lunes, 8 de agosto de 2011

Actividad por la Pepa Gaitán - Buenos Aires




Actividad realizada el día de la lectura de la sentencia del juicio por el asesinato de la Pepa Gaitán, en la Casa de Córdoba (Buenos Aires), lunes 8 de agosto - 11 hs.

Fotos: Paola Raffeta

María Luisa Peralta

Lesbofobia. El escopetazo de Torres y la negación del fiscal Amoedo.


Hoy, lunes 8 de agosto, muchxs personas gltb y muchxs de quienes se comprometen con nosotrxs estaremos expectantes de una sentencia judicial. Se juega mucho: la posiblidad de justicia para unx de nosotrxs, Pepa Gaítán, fusilada por lesbiana, y la posibilidad de que una instancia del estado se haga cargo de que a pesar del matrimonio igualitario sigue funcionando una matriz cultural  e institucional que genera y sostiene lesbofobia. Algunxs de las personas que están en contacto en este fb conmigo no tendrán del todo claro qué es la lesbofobia o quizás no vean la importancia de que el tribunal acepte el planteo de la abogada querellante Natalia Milisenda de incluir a la lesbofobia como motivacion y agravante del crimen, incluso cuando la ley antidiscriminatoria no incluye entre las causales de agravante a las categorías de orientación sexual, identidad o expresión de género. Hace unos días, mi amigo Mauro Cabral me pidió que escribiera unas líneas sobre cómo defino yo la lesbofobia, sobre todo en atención a que el fiscal de la causa, Fernando Amoedo, se negó a considerar que el de Pepa había sido un crimen de odio. Esto es lo que escribí.


Lesbofobia.
Antes y después de la escopeta. De cómo se llega a Daniel Torres disparando una escopeta y al fiscal Fernando Amoedo diciendo que no es crimen de odio.

Inicialmente, el término homofobia se utilizó para designar tanto las actitudes como los conceptos prejuiciosos, sesgados, basados en estereotipos y que mostraban odio, desprecio, rechazo, insulto y degradación de los varones gays. Como suele suceder con los conceptos y políticas vinculados a los gays, se lo extendió como un término paraguas automáticamente aplicable a todo el colectivo de gays, lesbianas, trans y bisexuales. Con los años, las y los militantes hicieron notar la necesidad de nombrar la lesbofobia, la transfobia y la bifobia (palabras todas estas que el corrector automático de Word marca como error mientras las escribo, cosa que no hace al escribir homofobia) no por un afán de figurar ni por engrosar la lista de términos gratuitamente, sino porque si bien hay un trasfondo común de intolerancia y de disposición a la manifestación del desprecio, las formas en que se ejercen la homofobia, la lesbofobia, la bifobia y la transfobia son distintas, así como lo son los presupuestos ideológicos singulares en los cuales la heteronorma, la heterosexualidad obligatoria y el sistema doble de binarios sexo-genéricos son interpelados, cuestionados y socavados por la existencia gay, lésbica, bisexual y trans.

La lesbofobia es la forma en que se manifiesta el rechazo, odio, desprecio y violencia hacia las lesbianas y el soporte conceptual que sostiene esos sentimientos y acciones (ese soporte son los prejuicios, los estereotipos, las mutilaciones de los relatos y las biografías de las propias lesbianas, las interpretaciones de la existencia lésbica no a partir de categorías lésbicas sino forzadas a encajar en un dogma cultural heterosexista, y las ficciones investidas de cientificidad producidas desde los saberes académicamente reconocidos de médic*s, psicólog*s, psiquiatras, criminólog*s, historiador*s, sociólog*s, etc. ). Entonces, la lesbofobia tiene como fin último, explícito o no, la aniquilación de la existencia lesbiana individual y colectiva. En ocasiones, la aniquilación es simbólica, cultural, política o sexual y en otras ocasiones es física y total, es decir, implica la muerte de la persona blanco del ejercicio de la lesbofobia. Como el término denota tanto disposiciones del ánimo y conceptos como acciones, es importante no olvidarse nunca de que las acciones lesbofóbicas son resultado de la voluntad. Una persona puede alegar que sus prejuicios o su incomodidad frente a las lesbianas están predeterminados por la cultura en la que se crió y en la que vive, que incluso muchos de esos prejuicios forman parte de un sentido común, y que por lo tanto no es enteramente responsable de pensar y sentir tales cosas. Y esto es cierto hasta el punto de que todas las lesbianas debemos lidiar con la lesbofobia que internalizamos por el hecho de ser criadas en una cultura patriarcal. El mismo componente de involuntariedad puede predicarse de cualquier sentimiento positivo o negativo, incluso del deseo sexual y, en parte, de ese fondo incuestionado formador de interpretaciones del mundo llamado “sentido común”. Pero la distancia entre toda idea, pensamiento, sentimiento o sensación y el acto es exactamente la voluntad. El momento de pasar a la acción es el momento de preeminencia de la decisión y de la voluntad. Puede haber comprensión de cómo se forma una idea o sentimiento lesbofóbico, pero no hay atenuante posible para la acción lesbofóbica. Y es la acción, precisamente, la que ejecuta un castigo que se interpreta a sí mismo como habilitado por los prejuicios y conceptos.

En el propósito de aniquilar la existencia lesbiana, se despreciarán como irreales las identidades y relaciones lésbicas. Las lesbianas cuya expresión de género no difiera sustancialmente de la expresión de género de las mujeres, serán negadas como lesbianas, negadas en su autonomía y en la afirmación de sus opciones vitales y su deseo, para ser presentadas como víctimas: no serán consideradas verdaderas lesbianas, sino mujeres frágiles seducidas por las otras, las verdaderas lesbianas. Aquellas cuya expresión de género sí difiera de la expresión de género de las mujeres y a las cuales la mirada desde el binario sexo-genérico patriarcal interprete como más semejantes a los hombres, esas sí serán consideradas las “auténticas” lesbianas, lo que significa también, dentro de ese esquema de pensamiento, las auténticas amenazas para el orden patriarcal de supremacía de los hombres. Las feminidades lésbicas no tienen lugar: a quienes las encarnan se las lee como mujeres confundidas. Las masculinidades lésbicas tampoco tienen lugar: a quienes las encarnan se las lee como malas imitaciones de hombres. La diferencia está en que no ser una verdadera mujer y parecerlo no merece castigo en un régimen en el cual las mujeres aparecen como seres subalternos, porque en todo caso el castigo fundamental para ellas es dejarlas inscriptas como seres que deben estar permanentemente accesibles para los hombres, pero bajo semejante régimen sí es lícito, e incluso necesario, castigar a las invasoras del monopolio de la masculinidad que pretenden los hombres (específicamente los hombres machos). Porque esta conceptualización que niega la existencia lésbica, y al lesbianismo como un género en sí mismo, se perpetúa sobre la construcción de buenas y malas. A las que son alineadas con las mujeres, que para el patriarcado son por definición pasivas, no se les puede endosar la perversión, la seducción, la iniciativa sexual, ni ningún tipo de amenaza ni de capacidad de violencia, bajo el riesgo de caer en contradicción interna con los postulados de atribución sexo-genérica del propio patriarcado. En cambio, a quienes son degradadas bajo el rótulo de imitación de hombres para negar su existencia lesbiana masculina, sí se les puede achacar perversión, seducción maliciosa, iniciativa sexual, capacidad de violencia y amenaza. Es más, no sólo se puede, sino que es canónico hacerlo. Eso es lesbofobia: la imposición de un estereotipo mentiroso sobre todo un colectivo de lesbianas para habilitar las violencias simbólicas, culturales, económicas, institucionales, corporales. Estas lesbianas masculinas, estas lesbianas que se niegan, se resisten, se rehúsan a la feminidad en cualquiera de sus formas, estas lesbianas que reclaman una apropiación de las masculinidades y que las recrean de un modo singular y único, un modo distinto a las masculinidades de los hombres, estas lesbianas deben ser castigadas: el castigo a las lesbianas masculinas está socialmente habilitado, respaldado, validado. Siendo la heterosexualidad un régimen biopolítico, el castigo de la disidencia sexual y genérica tiene una función y por eso se lo mantiene, aún cuando much*s heterosexuales no se perciban como ejecutor*s activ*s de ese castigo. Análogamente al planteo marxista de que la existencia de una masa desempleada sirve para disciplinar a l*s asalariad*s, así también la existencia de una masa de personas a quienes se puede agredir, violentar, degradar, insultar, e incluso matar impunemente o con la certeza de recibir atenuantes en función de su orientación sexual, identidad o expresión de género es necesaria para disciplinar al resto dentro de los límites sexuales y genéricos del patriarcado, que instituye y distribuye privilegios y subordinaciones. Y esa masa son las lesbianas masculinas, los gays afeminados, las travestis, las personas trans que no se ajustan a las normas de género de hombres y mujeres heterosexuales. Por lo tanto, esas personas son, dentro del colectivo gltb, quienes están más expuestas a la violencia en todas sus formas, incluso en la forma extrema de la muerte. Toda reactualización de los prejuicios, estereotipos, difamaciones y mentiras en torno a estas personas no hace más que contribuir a ese castigo contra ellas, incluso cuando lo hacen personas que no se perciben parte o no quieren ser parte del sistema de punición heterosexista. La matriz de lo que Wittig llamó la mente hétero está tan imbricada en la cultura, en las instituciones, en el imaginario, que incluso personas que se horrorizan de la forma extrema de violencia contra las masculinidades lésbicas, las feminidades gays y las transgeneridades no heteronormadas, son capaces de repetir y sostener parte de los prejuicios, sospechas, estereotipos y difamaciones que son el soporte de validación última de esas violencias. La lesbofobia puesta en acto por unos es el emergente de una lesbofobia sostenida en lo cultural, normativo e institucional por toda la sociedad. No examinar críticamente cada concepto, cada pensamiento, cada idea sobre todas las lesbianas, no analizar cada reacción frente a la presencia de una lesbiana masculina, de una lesbiana madre, de una lesbiana maestra, de una lesbiana femenina, de una lesbiana presa, de una lesbiana diputada, de una lesbiana besando a otra, de una lesbiana asesinada -por poner sólo algunos ejemplos-, no ser capaces de analizar y poner en cuestión cada pensamiento y cada acción desde la conciencia crítica de haber sido socializad*s en un sistema lesbofóbico es ser partícipe, voluntariamente o no, de ese sistema torturador, mutilador y asesino.


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Gabriela De Cicco





Queerland, libro de poemas de Gabby De Cicco (Hipólita Ediciones, 2011).

Gabriela De Cicco (Rosario) es poeta, ensayista y periodista. Creadora junto con la poeta Irene Ocampo de la Red Informativa de Mujeres de Argentina (RIMA). También dirigió junto a Ocampo el programa radial “Con el agua al cuello”. Publicó los siguientes libros de poemas: Bebo de mis manos el delirio (1987), Jazz me blues (1989), La duración (1994), Diario de estos días (1998).






Actividades por la Pepa Gaitán - Córdoba

Movilización frente a Tribunales II, el día del dictamen de la sentencia para exigir que los jueces contemplen el carácter lesbofóbico del asesinato de la Pepa.




Fotos: Emilce Farías

domingo, 7 de agosto de 2011

Tortilleras La Plata




Papelógrafo realizado por tortilleras de La Plata (Arañas, Coca, Anto, Morgan y Bruno). Aún se puede ver a metros de la puerta de la Facultad de Bellas Artes.

miércoles, 3 de agosto de 2011

Actividades por la Pepa Gaitán - Córdoba

Radio Abierta frente a Facultad de Derecho. Spots producidos especialmente para la ocasión.
Escuchalos: http://www.rednosotrasenelmundo.org/spip.php?article2109

Video realizados por Ema de Asentamiento Fernseh, para ésta actividad, que recoge entrevistas televisivas realizadas en el inicio del juicio gran cantidad de manifestaciones y acciones que se realizaron en todo el país desde el día del fusilamiento hasta el comienzo del juicio.

http://www.dailymotion.com/video/xleuek_natalia-gaitan-asesinada-por-lesbiana_news

Actividades por la Pepa Gaitán - Córdoba

Radio Abierta, con el propósito de concientizar a la sociedad cordobeza sobre el carácter lesbofóbico del asesinato de Natalia "La Pepa" Gaitán y reclamar justicia.
Organizada por: Asentamiento Fernseh, Alternativa LGTB, Encuentro por la Diversidad y Lesbianas independientes, frente a la facultad de derecho de 17hrs a 20 hrs.

Volantes  que se repartiero.