Archivo documental digitalizado del activismo lésbico, conformado por producciones gráficas y teóricas, registros fotográficos y sonoros, encuentros reflexivos y acciones callejeras de grupos y activistas lesbianas de diferentes momentos históricos, múltiples posiciones políticas, y diversas geografías
de Argentina. Está en permanente construcción, recibiendo nuevos aportes y colaboraciones.

jueves, 30 de octubre de 2014

María Luisa Peralta



"Potencia Tortillera: el deseo de memoria y la construcción permanente como resistencia al aniquilamiento político y cultural"*

Potencia Tortillera es un archivo digitalizado del activismo lésbico, un archivo que toma la forma de un blog. Fue pensado y creado en 2011 por fabi tron, valeria flores, Gabriela Adelstein, Coca Gavrila y yo. Nosotras somos lesbianas. Vivimos, deseamos y activamos como lesbianas y también archivamos como lesbianas. Nos salimos de la forma tradicional de aglutinamiento en una organización con nombre, logo y programa y a partir de la afinidad y de nuestras historias personales y militantes formamos una alianza político-afectiva que comparte posicionamientos y modos de hacer. El nombre es parte de una tradición activista de subversión del sentido de palabras que fueron insultos arrojados contra nosotras y que son reapropiados y resignificados. Surgido de Fugitivas del Desierto para el Encuentro Nacional de Mujeres de 2007 en Córdoba, Potencia Tortillera no refiere a una acción ni grupo en particular sino que fue puesto en circulación por las compañeras para dar cuenta de una actitud y una posición política y para que permaneciera disponible para todas las que quisieran usarla. Nosotras comenzamos a trabajar juntas armando los Diálogos Críticos del Activismo Lésbico, que tuvieron lugar durante 2011 y durante ese proceso, a partir de cosas que surgían en los encuentros de los diálogos, nos surgió el interés y la idea del archivo. A todas nos resultó lógico llamarlo Potencia Tortillera.

El nuestro no es un archivo que se ampare en palabras de autoridad ni en ninguna institucionalidad, lo hicimos porque queríamos hacerlo, simplemente, porque sabíamos con demasiada certeza que había un gran olvido, un gran espacio vacío en donde debía estar la memoria del activismo lésbico en Argentina. Hacemos la precisión geográfica para dar cuenta de una limitación, no porque tengamos la menor sensibilidad patriótica. Pero limitar el archivo al activismo lésbico en Argentina (sin llamarlo argentino, porque están también las lesbianas que no siendo nacidas aquí han habitado y activado en este país) nos permite que el trabajo sea realizable por nosotras, porque extendernos, por ejemplo, al activismo lésbico latinoamericano nos desbordaría por completo. Por decisión política, lo sostenemos desde la autogestión, su presupuesto es de cero pesos: después de los años en que el movimiento gltb recibió dinero de las ongs y de los fondos del hiv/sida y de la última década donde demasiado del activismo se sostiene con dinero del Estado, nosotras demostramos que se pueden hacer cosas de otra manera, no hay ningún tipo de dinero que provenga de ninguna fuente, salvo el nuestro mismo, el de cada una para pagar su conexión a internet y en su momento comprar o mantener funcionando nuestras computadoras, scanners, cámaras de fotos, celulares, grabadores. Y, por supuesto, nuestro tiempo.

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* texto leído en la mesa redonda “Inventar el archivo” del Seminario "Poéticas y políticas de archivo. Estrategias de activación, interpelaciones y reinvenciones críticas", organizado por el LabIAL con la cátedra Teoría de la Historia, en el marco de la III Bienal Universitaria de Arte y Cultura de la UNLP, 30 de octubre de 2014

lunes, 27 de octubre de 2014

Cecilia Galcerán



La tajada*
Comerse la porción de carne extraída del cuerpo de trabajo
Condiciones de vida, sexualidad, economía feminista

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¿De qué modo la praxis feminista economiza las estrategias de supervivencia emergentes de las experiencias de marginalización? ¿En qué modos concibe y atiende los cuerpos/singularidades que traman la fuerza rizomática de sus genealogías de lucha, que están en condiciones de subsistencia precarizada? ¿Cómo plantear discusiones sobre dinero en escenarios donde “lo político” de lo personal todavía se planta en términos de la sexopolítica blanca? ¿Cómo es que las realidades humanas oprimidas se convierten en abstracciones propias de los regímenes de proxenetismo y extracción capitalista, provocando la autoinvisibilización de esas opresiones en clave económica?
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* Trabajo realizado con ocasión del Seminario Sexualidad y Género a cargo de la Prof. Nora Das Biaggio de la Maestría Poder y Sociedad desde la Problemática del Género, Centro de Estudios Interdisciplinarios sobre las Mujeres (C.E.I.M.), Facultad de Humanidades y Artes – Universidad Nacional de Rosario, Argentina, Octubre de 2014


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sábado, 25 de octubre de 2014

Juliana Miranda



en Junín, lectura de poesía lésbica en A la gorra Casa Arte: Marian Pessah, valeria flores, Gabby De Cicco, Macky Corbalán, Gloria Anzaldúa, Clara Chau.

viernes, 24 de octubre de 2014

valeria flores


video


No tengo lágrimas para esta herida*

Esto es un abrumado balbuceo de sentidos, un hervidero de sensaciones e impresiones, un haz experimental de poner pensamiento crítico allí donde hubo una herida inconmensurable. Una herida que no es privada porque fue perpetrada con la temperatura del poder y de la historia. Ensayar un mínimo montaje de palabras que hagan de esta instancia colectiva un tributo singular a la reparación de una vida. De una vida que dicen que es mía, que asumo que es propia, que intento hacer algo más allá o más acá de lo que las normas sexuales, de género, raciales, de clase, hacen conmigo. Una vida que intentó sacar beneficios de la vergüenza de transitar la potencia tortillera, de politizar el dolor, de inventarse otras vidas a través de la escritura, una provocación que a veces derivó en aumentar la potencia de actuación al profanar los propios límites conformes a la regulación política y moral de nuestros cuerpos, y a veces no hizo más que amplificar la vulnerabilidad en contextos hostiles.

Un poco es eso, escribir al tanteo, con la crudeza que se resiste a ser estilizada y esterilizada. Contar como un modo de insistir en el carácter público de nuestras vidas y nuestros dolores. Contar una experiencia reciente de ser herida y expuesta al escarnio social. Contar una experiencia como autoficción reparadora, sin apelar a ninguna autenticidad sentimental. Contar haciéndolas habitantes de una trama política y afectiva que se resista a tejer la sutura de esta herida para que sea constante supuración, cual marca insistente que aloje la posibilidad siempre presente del daño y de su eventual y factible reparación. Contar desde un yo que no es más que un archivo de innumerables nombres que componen nuestras comunidades injuriadas. Contar para otras que han experimentado la vergüenza y el dolor de ser proscriptas en el acompañamiento de la experiencia de la muerte de un cuerpo amado. Contar desde un rumor lacerante como soporte incómodo de esta lectura y desde el temblor como el ritmo que asume mi voz.

En apenas un destello de lo vivido, puedo contarles que desde julio del 2013 a febrero del 2014, acompañé a la poeta y activista lesbiana Macky Corbalán, en un inesperado y complejo proceso de una enfermedad neurodegenerativa que fue paralizando y fragilizando su cuerpo, y que derivó en su muerte reciente. Casi 8 meses de cuidados de Macky, en solitario y sin visibilidad alguna, de esta compañera de vida, como nos decíamos para interferir las categorías siempre problemáticas para nombrar los afectos, y compañera de desvaríos poéticos, que supimos ser amantes, pareja, activistas de fugitivas del desierto y de múltiples proyectos artísticos, movidas por las pasiones que desatan la intersección de lenguaje, vida y política. La enfermedad que transitó Macky operó como un laboratorio de creación y fortalecimiento de nuevas relaciones afectivas, en el que se colectivizaron sus cuidados, básicamente entre amigxs y activistas, a la vez que la figura del chivo expiatorio iba tomando cuerpo sobre mí, aprisionándome en la boca implacable del juicio moral.

Una hermenéutica óptica puede aplicarse a la narrativa de esta herida: por un lado, un relato de luz con reminiscencias místicas-religiosas se articulaba sobre la figura de Macky, y por otro, un relato de sombra iba hablándome a/sobre mí en toda esta situación tramada desde una vigorosa culpabilización, alentando una maquinaria discursiva que aunaba nebulosamente diagnóstico clínico y duelo amoroso por nuestra relación, una relación que hacía más de cuatro años que había abandonado la forma tradicional de la pareja. Este discurso no hizo más que lubricar y fortalecer el paradigma del amor romántico que sigue calando hondo en nuestras subjetividades.

Notas impetuosas, retazos de preguntas a medio formular, pensamientos hilados con el acento de un llanto ascético, fueron inscribiéndose de manera desarticulada a lo largo de este proceso, pero convencida de que la contingencia de la enfermedad, cualquiera sea pero en especial aquellas que ponen en jaque nuestra autonomía corporal –siempre relacional-, es el momento más propicio para la emergencia de los prejuicios heteronormativos y estigmas lesbofóbicos que se mantienen soterrados y latentes buscando la oportunidad de ser activados.

Mucha gente adhirió a una versión que encontró en la lesbofobia un campo fértil para sembrarse: Macky enfermó y murió de amor. De mi desamor. Y a mí me quedó la expulsión tácita del grupo de cuidados cuando me corrí, extenuada y agobiada, de asumirlo en solitario; el acallamiento de mi voz y la supresión de mi sentir; el desalojo compulsivo de mis pertenencias de la casa de Macky con el fundamento de “limpiar mi presencia de la casa” (tal como decía el mensaje de texto que su hermana me envió usando el celular de Macky), y la vergüenza de encontrarme ocupando el lugar de víctima en esas situaciones de violencia de las que tanto escuchamos, sabemos y, de las que efectivamente, no estamos exentas.

Por supuesto, semejante trama de conflictividad que hizo de mi vida un enjambre de pesares durante meses, encuentra su despliegue en la decisión de Macky de poner a rodar el relato de un duelo amoroso que servía de subterfugio a una enfermedad invasiva, y en la diseminación del silencio inquebrantable de quienes la rodearon.

Múltiples aristas se ofrecen para pensar comunitariamente esta dolorosa y atormentada experiencia: la persistencia de las matrices exitistas que encapsulan nuestras vidas en relatos heroicos y utilitarios como exigencia de sentido social; los castigos sociales por la subversión de los protocolos del afecto; lo problemático que resulta pensar que habilitar la pregunta sobre la muerte puede ser un acto de amor, en vez de sostenerla como un tema silenciado, negado y secreto; la vulnerabilidad de nuestros cuerpos abyectos y los heteronormativos sistemas públicos de salud; los relatos personalistas y triunfalistas que oscurecen las producciones colectivas(1) ; la vigilancia moral sobre las conductas de enferma y cuidadoras; los deseos y fantasmas que activan las situaciones de enfermedad; el monopolio de la familia de origen para decidir sobre vidas y bienes de las personas lgtttb; las proyecciones sociales impugnadoras y de peligrosidad que se hacen sobre las lesbianas empoderadas; la capacidad de decisión y agenciamiento de la persona enferma, que se moviliza entre la victimización y el control absoluto; las responsabilidades civiles y legales en juego cuando se optan por otros tratamientos diferentes a los de la medicina occidental; entre muchos otros.

Esta errancia textual condensa algunas incógnitas de un relato tal vez demasiado vívido, demasiado cruento, demasiado brutal, de una experiencia de lesbofobia, de esas tan radicales que la vuelven a una perturbadoramente otra. Esto no es más que un relato que intento hacerme a mí misma de esa experiencia, en el que otras voces afines fueron activo tejido de sostén, y que como estrategia de sobrevivencia apuesta a su condición pública, porque pública fue la sanción social y público fue el silencio cómplice y el desprecio. Del estremecimiento por ser expuesta a la vulnerabilidad y arrancada de sí, ciertas preguntas sobre el dolor pululan en los pasadizos de este silencio: ¿cuáles son los signos esperables y normativos para hacer inteligible el dolor? ¿qué credenciales del cuerpo hay que exhibir para que este estado de dolor sea creíble cuando se abandonan los clásicos guiones de las formas perceptivas?

De algún modo, una gran parte de nuestro activismo como escritoras, tortilleras, cuir, ha sido desuscribir, desertar y retorcer los relatos hegemónicos de nuestras vidas. Más que relatos heroicos, épicos, coherentes y lineales, precisamos complejizarlos con destellos, sombras, opacidades, equívocos, que se metan en los entresijos del cotidiano, allí donde las normas nos hacen y deshacen, y donde también la vulnerabilidad como forma de violencia siempre nos da cierto margen de acción. Porque tal vez, si hay alguna conducta heroica que reclamar es aquella que se atreve a romper un pequeño silencio que tiene el estruendo de un estallido.

Este contar es un intento de visibilizar las negadas conexiones entre procesos afectivos (pensados como individuales) y procesos de lucha activista (pensados como colectivos), y un modo de inaugurar el duelo público que se me negó hacer. Un modo de producir espacios de reparación que sirven para habilitar futuros que la cultura se ha encargado de hacer precarios y también para no dejar intacto ese silencio agresor.

La lágrima como forma cultural habilitada y aceptada para visibilizar la vibración del dolor que atraviesa un cuerpo, se derrama en mí por la pérdida insondable de Macky, cómplice de un programa estético-político armado con ventarrones poéticos y desiertos vitales. Pero no tengo lágrimas para esta herida de la ley heteronormativa, sino un incipiente titubeo de escrituras que vayan armando sentido crítico en los pliegues de ese relato de sombra que me tocó transitar forzosamente. Porque no le voy a entregar esta herida a la amnesia colectiva, no voy a renunciar al pedido liberal de que todas tenemos la misma historia, no voy a renunciar al desafío de crear espacios epistémicos para otras formas de sensibilidad y para el despliegue de los intrincados vocabularios del afecto, no voy a renunciar al deseo de una comunidad política-afectiva-artística que haga más habitable la vida, ni a la sospecha de que es esa misma comunidad la que circunstancialmente nos aniquila.


(1) Como sucedió en las crónicas de los medios que destacaban la participación de Macky y mía en fugitivas del desierto, borrando a Bruno Pehuén Viera y otras compañeras.



* Texto leído en ¿Qué nos ofrece la vergüenza?, III Jornadas sobre desobediencias sexuales, prácticas artísticas y agenciamientos colectivos, Facultad de Bellas Artes de la UNLP, 24 de octubre de 2014.

Magdalena de Santo y Julieta Massacese




Crónica de una productividad sifilítica*

I Preámbulo

Cierra el Torneo Interamericano de Fútbol Lésbico 2013 en la playa. Entre margaritas y mezcal Vanesa se chapa a Adalucía, feminista posporno de mini falda y borcegos del DF. Adalucía la invita a las grutas oscuras mientras le mete la mano en el boxer. Adalucía sabe lo que quiere y lleva directo la nariz al medio de la entrepierna. En el placer, Vanesa, de manera intempestiva, evoca el kit de profilaxis de la Mengana que ella misma repartió en la marcha del orgullo. Ya fue. Ni da.

Tenemos la excusa de la ficción y la usamos. Sabemos que la teoría y la literatura ficcional no se distancian tanto. Nos permitimos indagar mediante ambos registros por un hecho puntual que nos atraviesa todos los días, que nos preocupa y nos avergüenza en tanto personas relativamente conscientes de sus prácticas, sus deseos y la inscripción en la que transcurren: este mundo heterosexual y misógino que intentamos estallar. Así, la pregunta que circula el presente escrito es una preocupación concreta, también ética y política. Y una certeza, la que algo debemos cambiar. Entonces ¿por qué, entre personas con vulva, activistas feministas, no está instalada la protección sexual?

[...]


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* Texto presentado en las III Jornadas de Investigación sobre desobediencias sexuales, prácticas artísticas y agenciamientos colectivos, Facultad de Bellas Artes de la Universidad Nacional de La Plata, octubre de 2014.

sábado, 11 de octubre de 2014

Lesbianas en el ENM - Salta 2014

Los días 11, 12 y 13 de octubre tuvo lugar en la ciudad de Salta el 29 Encuentro Nacional de Mujeres, con unas 40.000 participantes.

Foto: Belén Toriacio

El taller de activismo lésbico funcionó con el nombre de Macky Corvalán como homenaje a nuestra compañera activista y poeta. Foto: Belén Toriacio.

María Eugenia Sarrías (Las Safinas) lee las conclusiones del taller de activismo lésbico. Foto: Ceci Dumón.
Eloína Coronel. Foto: Gabriela Zibell.

Magui Fernández Valdez y Laura Safo. Foto: Ceci Dumón.
Mónica Burkiewicz lleva el reclamo de las lesbianas madres no gestantes apartadas de sus hijxs.

Paula Lorenzo y Amanda Alma. Foto: Ceci Dumón.

Foto: Belén Toriacio.


Sandra Aguilar (Desde el Fuego). Foto: Desde el Fuego.

Foto: Desde el Fuego.


Foto: Desde el Fuego.
Activistas de La Fulana. Foto: Belén Toriacio.


Mariana Spagnuolo, Eric Chino y María Cecilia Calvet (La Fulana). Foto: Belén Toriacio.
Foto: Desde el Fuego.


Foto: Gabriela Zibell.


Foto: Gabriela Zibell.


Foto: Desde el Fuego.

Foto: Desde el Fuego.

Foto: Desde el Fuego.
Ernestina Arias. Foto: FOB.


Foto: Gabriela Zibell.


Soledad Pérez y Mónica Palacio. Foto: Gabriela Zibell.

Foto: Gabriela Zibell
Foto: En la Vuelta - Acción Fotográfica


Foto: En la Vuelta - Acción Fotográfica
Foto: En la Vuelta - Acción Fotográfica

viernes, 10 de octubre de 2014

valeria flores


Vista actual de la esquina del sótano (2014) Foto valeria flores



El Sótano de San Telmo. 
Una barricada proletaria para el deseo lésbico en los 70*


valeria flores

Quedó en el aire como un susurro, un rumor abrasador que se suspendió en la atmósfera de algarabía y luego volvió a la memoria muda del activismo. Así, la veterana y férrea activista Adriana Carrasco1, fundadora con Ilse Fuskova de los Cuadernos de Existencia Lesbiana2 (1987-1996) soltó un dato histórico durante la presentación del Archivo Digitalizado del Activismo Lésbico allá por setiembre del 2011: En los años de la dictadura, había un sótano en el que se juntaban las lesbianas y hacían reuniones y actividades. Dado que de aquellos años el Archivo cuenta con escaso material, ese dato se incrustó como una piedra certera y fresca en la política del blog. Por diversos motivos, la punta de esa historia, de esa especie de agujero negro donde se esconden muchas experiencias de la segunda mitad de los 70, quedó flotando en el recuerdo de muchas de nosotras pero sin poder asir el hilo de un relato que lo transformara en experiencia pública, visible y sensible...

* Este artículo fue realizado en base a una entrevista e intercambio de mails con Adriana Carrasco (fines de agosto del 2014), y una entrevista a Ely Lugo Cabral (fines de setiembre del 2014), con quien me contactó Adriana. Las expresiones de Adriana están en cursiva a lo largo del texto, mientras que las de Ely están entrecomilladas y referenciadas. Ambas entrevistas ocurrieron en lugares significativos para ellas. Con Adriana fue a unas cuadras del sótano, que previamente fuimos a ver su ubicación; y con Ely, el primer encuentro lo tuvimos en el Bar La Academia (sobre Callao), que era parte del circuito cultural y político que frecuentaba en los ’70 y donde se reunió varias veces con Martha Ferro, agitadora del sótano.


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