Archivo documental digitalizado del activismo lésbico, conformado por el registro de producciones gráficas y teóricas, registros fotográficos y sonoros, encuentros reflexivos y acciones callejeras de grupos y activistas lesbianas de diferentes momentos históricos, múltiples posiciones políticas, y diversas geografías de Argentina. Está en permanente construcción, envianos tus aportes y colaboraciones.

miércoles, 10 de julio de 2019

Fernanda Guaglianone

Todo Trabajo es Sexual

intervención en la ciudad de sevilla, Alameda de Hércules. 25 Junio  2019.

 Afiche compuesto por 28 piezas tamaño total 2.80 x 2.40 mts









EL AFICHE COMO PROYECTIL VISUAL

“Las putas se rebelan contra las leyes absurdas, patriarcales
y antisexuales contra su profesión y luchan por el derecho legal a recibir
compensación financiera por su valioso trabajo.”
Annie Sprinkle
“La única manera de hacer algo por las putas es contando con las putas”
María José Barrera
 
El proyecto todo trabajo es sexual surge de una urgencia de justicia visual para las trabajadorxs sexuales, insistiendo mediante tácticas visuales y gráficas que el trabajo sexual es trabajo. Intenta crear una estrategia de resistencia desvictimizante frente a la estigmatización histórica y las violencias ejercidas por parte del Estado de la mano de leyes y ordenanzas municipales (El código penal artículo 187, Ley de igualdad, ley de extranjerías, ley mordaza, ordenanza antiprostitución, etc.), el puritanismo, la moral cristiana, la respetabilidad lgtttbiqp, la cruzada antiputa de ciertos grupos feministas hegemónicos esencialistas, incluyendo el resurgimiento  en avance de grupos TERF(quienes pretenden la abolición de la prostitución y que amalgaman el trabajo sexual con la trata de personas con fines de explotación sexual), que borran las experiencias y condiciones materiales.económicas.psicoemocional de lxs Trabajadorxs sexuales. La mayoría de quienes ejercen el trabajo sexual son población migrante / travestis / pobres /racializadas / lesbianas trans intersex gays, que, como dice val flores “con sus cuerpos ponen en cuestión los relatos de pureza de las identidades”, en un contexto de violencia neoliberal heterocapitalista”. El histórico desamparo ante las leyes laborales y el consecuente negacionismo para el reconocimiento como sujetxs políticos, para quienes no tienen muchas veces opciones concretas de subsistencia, tienen como efecto el silenciamiento de las voces de lxs prostitutxs politizadas que eligen el trabajo sexual como forma autónoma de vida.

Todo trabajo es sexual compone un cuerpo colectivo a partir del cuerpo de la artista, con el fin de interpelar los imaginarios visuales tanto de los discursos de las campañas estatales antitrata como de las imágenes publicitarias, interrumpiendo la circulación de los sentidos sobre el trabajo sexual en la trama cotidiana que construye la ciudad. Un intento poético de restituir a las putas al centro de la ciudad, en medio de históricos procesos de aislamiento, humillación y desplazamiento hacia la periferia y “limpieza” de la vía pública[3], mediante la diseminación de preguntas acerca de la mercantilización de los cuerpos que implica la noción de trabajo en el sistema capitalista. Este proyecto pretende hacer tambalear la legitimidad de ciertas visualidades corporales por sobre otras, esto es: aquellos cuerpos y patrones de comportamientos que son permitidos social, legal y culturalmente frente a quien ve y consume (productos, ocio, placer, servicios). La imagen publicitaria da sobrada cuenta de este ejercicio de domesticación y discriminación. El discurso que construye la publicidad hegemónica reproduce y refuerza la estereotipia de lxs sujetxs, llevando implícita una determinada visión del mundo. Busca fabricar imágenes dentro de los consumidores; adquiriendo una gran importancia las representaciones internas no verbales que lxs sujetxs realizan de las imágenes publicitarias (García, 2008), encierra una cosmovisión, una propuesta vital y, por tanto, una manera de estar en el mundo. Los recursos que la publicidad despliega son tan sutiles y sofisticados que es muy difícil sustraerse a su capacidad de seducción. La ciudadanía tiene que desarrollar mecanismos de defensa para contrarrestar su influencia, y aunque cada publicidad sea un minúsculo relato independiente y autónomo que simula la libertad de elección, con perspectiva triunfalista positiva y eufórica, contribuye a la reproducción simbólica de la ideología neoliberal a través de la imagen (Gallego, s/f)

Emplazamiento, (des)zonificación y políticas del cuidado

A lo largo de los años, las putas ocuparon diferentes zonas de la ciudad de Sevilla desde los tiempos de los romanos (Arroyo, 2010). Actualmente, las putas de calle se encuentran mayoritariamente en la periferia de la ciudad de Sevilla, como resultado de la gentrificación y el proceso de higienización de la ciudad que van estableciendo los cuerpos y prácticas que “deben verse”. La actual zona de trabajo las encuentra desprotegidas a nivel de derechos laborales y bajo control y asedio policial.

Para pensar en posibles cartografías futuras, como la activación de la memoria de los propios sujetxs,  se realizó en esta primera instancia, un relevamiento de posibles emplazamientos para la intervención gráfica.  Sin pretender la marcación de los actuales espacios de trabajo de las prostitutas, ya que sería una estrategia policíaca, se propone la deszonificación para devolvernos poéticamente la ciudad, el centro y los focos turísticos como escenario de modos de autonomía sexual y corporal.  Es por esto, que el relevamiento pone foco en las zonas de la ciudad que antes eran de las putas, principalmente La Alameda de Hércules y los clubes de alterne, que muchos de ellos fueron clausurados y cerrados o que hoy son registrados como clubes de fiestas.[1] Finalmente, el emplazamiento seleccionado para la acción, es la Alameda de Hércules, muy cerca de la Plaza de la Mata, espacio habitado aún por las trabajadoras sexuales, paradójicamente detrás de uno de los principales focos de turismo y fiesta y frente al edificio de la policía.

El afiche como proyectil visual

 Este dispositivo pretende hacer eco crítico dentro de la “guerra visual callejera” de la que nadie queda fuera, siendo el afiche un claro ejemplo de la profusión visual de la vida contemporánea. Apropiarse y hacer estallar lo que puede y no puede decirse/verse en la vía pública ofrece una fuga a las lógicas imperantes del capitalismo visual.

En los años 80, se legaliza el “club de alterne”, donde las trabajadoras sexuales eran dadas de alta en la seguridad social. Hoy el ayuntamiento de Sevilla, pionero en la ordenanza antiprostitución, ya no inscribe a los locales como “club de alterne” sino como “club de fiestas” lo que perjudica a las trabajadoras sexuales ya que no solo deben pagar el alquiler del espacio donde trabajan y viven en condiciones precarias ya que estos locales no tienen habilitación de hospedaje y cocina, sino que ya no gozan del beneficio de la seguridad social.

El afiche fue colocado clandestinamente en la Alameda de Hércules, durante el mes de junio, en el marco de la celebración por los 50 años de la revuelta de Stonewall o para la agenda oficial del mes del orgullo LGTTTBIQP. En este contexto,  el espacio público  deviene agente colectivo de enunciación (C.A.R.P.A, 2012) en tanto condensa con esta intervención la capacidad de interpelación visual y política, movilizando y trastocando sus sentidos normalizados.

Vandalismo y confusión: quebrar las reglas de la visión

En mi corta experiencia de estancia urbana, el contexto de Sevilla puede ser considerado como una ciudad obediente y recatada. Una ciudad donde la ley mordaza y la iglesia son las principales excusas para propagar el miedo y la parálisis ante cualquier intervención pública que tuerza el fundamentalismo de la tradición católica y las “buenas costumbres” ciudadanas. El “desacato” autorizado sólo tiene lugar entre mujeres con polleras flamencas, toros y vírgenes de oro.  En este contexto, ocupar el espacio público adquiere en sí mismo un sentido vandálico que puede devenir en multas, detenciones, cárcel y juicio.

La acción de emplazar el afiche está diseñada para producir un cierto grado de afinidad, extrañeza y confusión. Por un lado, el hecho de “armar un comando” proporciona el encuentro entre afinidades, que es en sí mismo un hecho estético.relacional y, por otro lado, el espacio seleccionado para el montaje es un sitio donde normalmente son colocados carteles de difusión de eventos en la ciudad, por lo que el “comando” puede ser leído como “trabajadorxs del marketing cultural local” reforzando así el mensaje.

La intervención se presenta como un dispositivo visual de pensamiento-relación, al componer una crítica al régimen normativo de la heterosexualidad, produciendo una potencia enunciativa al desnaturalizar la relación sexualidad/trabajo  y politizar el espacio público mediante una imagen que apuesta a subvertir los códigos de visualización de los cuerpos, produciendo pequeñas interferencias en la repetición de las convenciones sociales de la ley heterosexual.

Apelando a la capacidad performativa de las imágenes, la propuesta visual busca una repetición incoherente, ininteligible, inadecuada, desplazada, de la visibilidad de los cuerpos y sus procesos de sexualización en relación al trabajo en el sistema heterocapitalista.

Como “proyectil visual” pretende ser un umbral crítico al definirse a sí mismo contra lo considerado normal y legítimo, en esa guerra capilar que producen los regímenes que administran y regulan los cuerpos, postulando accesos diferenciales al espacio público y siendo productores de desigualdades, explotaciones y conflictos. No hay un afuera del sexo, esa es la frontera que pretende cuestionar y derribar esta intervención.

No hay comentarios: